Ante todo, pediros disculpas por haberme atrasado tanto con el capítulo.
Como muchas sabréis, me he presentado a dos concursos, de los cuales he ganado un accésit de uno de ellos. (Para ver la galería de imágenes de la entrega de premios a "Churros con Forma de Corazón" y para leer el relato, pincha aquí). Desde entonces, no se me ha ocurrido nada para continuar escribiendo esta novela, me faltaba inspiración, no sé por qué motivo específico, pero he decidido que ya era hora de continuar, y aquí tenéis el capítulo 41. Gracias por las que habéis estado, por las que estáis y por las que estaréis.
Sólo quiero deciros que, si queréis que deje de avisaros, podéis decímerlo sin problemas, no me enfadaré, ni nada por el estilo. Comprendo que, tras meses, aparte de haberos olvidado de la historia, no la retoméis con tantas ganas como antes. Lo que sí os pediría, es que, por favor, le diérais RT al tweet en el que os aviso.
¡Deseo que os guste mucho!
(¡Por cierto, si tenéis novelas, mandádmelas por twitter y me las leo!)
Capítulo 41: 'Por lo menos, nos tenemos el uno al otro para consolarnos'
Ya ha pasado un año. Las cosas cambian deprisa, ¿quién lo iba a decir? El amor que se prometieron Daniela y David no estaba en su máximo esplendor, por no decir que era nulo. ¿Dónde se había marchado la pasión, el amor, las ganas de ellos juntos como pareja? Se fueron a vivir juntos, pero no se querían tanto como antes.
David tocó la puerta de la habitación de Daniela (sí, dormían en habitaciones separadas).
-Buenos días, Daniela -la saludó-. ¿Vas a desayunar o...?
La chica apartó la mirada del libro y se quitó las gafas de pasta negra. Le miró.
-Sí, ahora voy.
-Si quieres, te puedo preparar algo mientras...
-No, no te molestes, no hace falta -dijo ella levantándose de la cama-. Gracias.
-Está bien -David se quedó en el marco de la puerta mirándola durante unos segundos. La chica, molesta, levantó la mirada-. Bueno... Me voy. Te espero en la cocina.
David se fue a la cocina. ¿Cómo había cambiado tanto su relación en tan poco tiempo? David no habían hecho nada malo durante la gira de su primer disco, pero uno de sus amigos sí. ¿Será porque no se lo contó a Daniela? Es cierto que una de ellas era su mejor amiga, pero el chico rubio también lo era...
-¿Qué te parece éste, Blas? -preguntó Vanessa saliendo de uno de los probadores.
-Estás guapísima -se sonrojó.
-Ay, Blas, ¡eso me lo dices con todos! -protestó ella- ¿Cómo voy a escoger un vestido para vuestro concierto?
-Te lo digo con todos porque estás guapísima con todos; porque eres guapísima.
Vanessa se sonrojó, miró al suelo y sonrió.
-¡Eh, Vane, mira qué gafas de sol más chulas! -exclamó él- ¿Te gustan?
-Sí. ¿A ver?
Vanessa le quitó las gafas de las manos, y miró el precio. Eran veinticinco euros. Se acordó del precio del vestido, que valía otros veinticinco. No tenía suficiente para las dos cosas. Sólo se había traído treinta. Suspiró. Cogió el vestido que se había probado y se lo dio a la muchacha de los probadores.
-¿No te lo vas a llevar? -preguntó él.
-No -dijo ella.
-¿Por qué? Te queda muy bien.
Vanessa se encogió de hombros y fue hacia la caja. No había fila ninguna, por lo que le tocaba a ella pagar. Puso las gafas sobre el mostrador y sacó su monedero.
-¿Qué haces? -preguntó Blas- No, no me las compres.
-Shhh. Calla -le dijo ella.
-Vanessa, que no...
-Gracias por su compra -dijo la muchacha de la caja sonriente.
-Gracias. Adiós.
-No voy a coger las gafas, no las pienso aceptar.
-Vale, no las cojas.
Blas se extrañó.
-Por lo menos, póntelas -dijo su pareja ajustando las gafas sobre las orejas del chico.
-El llegar puntual no es tu principal virtud, ¿eh? -sonrió Sara.
-Buenos días, se dice, ¿no? -sonrió él.
-Sí, sí, buenos días -saludó ella-. Que digo, que el llegar puntual no es tu principal virtud, ¿no? -decía entre risas.
-Ya ves que no -se rascó la cabeza-. No es la primera vez, tendrías que saberlo y haber llegado diez minutos tarde.
-No, si encima es mi culpa -rió ella.
-Bueno, ¿qué tal estás? -preguntó él- Ya sabes, con lo de...
-Ni me lo nombres. No quiero saber nada más de él en mi vida.
-Pero sabes que, en el fondo, te mueres por él -dijo Dani.
-Y tú con ella, ¿qué? ¿Cómo estás?
-¿Con quién? Con nadie, ahora mismo estoy solo.
-Sí, ya, pero me refería que cómo estabas de si estabas mejor desde que...
-Pff. Bueno...
-Por lo menos nos tenemos el uno al otro para consolarnos -dijo Sara sonriendo y cogiéndole la mano a Dani.
-Quién me iba a decir a mí que mi mejor amiga me haría esto...
-En teoría no te ha hecho nada malo. No te ha engañado ni te ha dicho que te quería, pero sin embargo a mí...
Carlos se despertó cerca de las doce del mediodía, con una chica rubia a su lado. Le hizo cosquillas hasta que ella se despertó. Nada más volverse hacia él, Carlos vio su piercing en la nariz, lo que le provocó una sonrisa.
Amores Imposibles
Hay miradas que revelan Amores Imposibles...
martes, 1 de julio de 2014
domingo, 6 de abril de 2014
Capítulo 40: "A bocados..."
Capítulo 40: "A bocados..."
Dani se quedó asombrado.
-¿Ca-Carlos? -preguntó.
Elizabeth se mordió el labio y asintió.
-Lo siento si... He hecho que se despertara algo en ti... -dijo ella- No pretendía, de verdad.
-No, no pasa nada -dijo él, cabizbajo- Si me disculpas, me tengo que ir.
-Sí, claro -dijo ella- Lo siento, Dani -repitió una vez más.
Dani se levantó y cogió su abrigo, se lo puso en el brazo y salió del restaurante. Ya en la calle, se puso su abrigo. Estaba lloviendo, pero no tenía paraguas, así que metió las manos en el bolsillo del abrigo y echó a andar con paso ligero.
¿Carlos? ¿Por qué él? ¿Qué tenía Carlos que no tuviera Dani? Ambos eran rubios, así que no podía ser por el color del pelo. Entonces, ¿por qué? ¿Y si Carlos había estado hablando en secreto con Elizabeth y no se lo había dicho ninguno de los dos? ¿Significaría eso que Carlos le estaba poniendo los cuernos a Sara? Dani sacudió la cabeza, para apartar ese pensamiento de su cabeza. No quería hacerle daño a nadie, y menos a Carlos, que se había convertido en su hermano. Siguió andando hacia su casa, intentando pensar en otra cosa, aunque sin éxito alguno.
Ya era por la mañana cuando Daniela abrió los ojos. Se encontró con la cabeza de David apoyada sobre su cuello, y sus manos entrelazadas. Eso le provocó una sonrisa. Daniela levantó la mano que tenía libre y aprovechó para acariciar el pelo de él, de una manera muy suave y delicada. Después, bajó por su espalda desnuda mientras la acariciaba y David tuvo un escalofrío y se movió un poco. Después, levantó la cabeza y abrió los ojos.
-Buenos días, mi vida -saludó Daniela.
-Mmmm -dijo David, todavía dormido.
Daniela rió.
-Mmm. ¿de qué te ríes? -preguntó él, con una tímida sonrisa.
-De tu cara -dijo ella, sonriendo.
-¿Sí? -preguntó él- ¡Pues te vas a enterar!
David se impulsó con las manos y saltó de la cama. Daniela salió corriendo hacia el salón mientras gritaba.
-¡Ven aquí, Daniela! -gritaba David, divertido.
-¡No! -decía ella mientras reía- ¡No!
Daniela llegó al salón, y se fue tras el sofá, allí se escondió. Se sentó tras él y apoyó la espalda en la parte trasera del sofá. Allí suspiró y cerró los ojos. Cuando los abrió tenía a David enfrente suya.
-Já, te encontré -dijo David.
El chico la agarró de la mano y la levantó. Pese a la resistencia que ponía Daniela, consiguió subirla sobre su hombro. En él, ella pataleó y protestó, a lo que David se reía y la agarraba más fuerte.
-¡David, déjame! -dijo ella, entre risas.
A modo de respuesta, David le dio un cachete en el culo.
-Carlos -le dijo Sara, mientras esperaba a que su novio le diera las tostadas con mantequilla.
-Dime -dijo él.
Sara rió.
-Tu cara me deprime.
-Ah, muy bonito -comenzó Carlos. Cogió una tostada y le dio un mordisco.
-¡Eh! ¡Ésa es mi tostada, no me la quites! -exclamó ella.
-Sara -dijo Carlos.
-¿Qué?
-Tendrías que decir 'dime' -le corrigió él.
-Carlos, mi vida, ya te lo he dicho: Es tu cara la que me deprime.
-Pues vale. Tú sabrás. Eres tú la que se queda sin desayuno -dijo él, andando hacia el salón con el resto de tostada en la mano.
Sara aceleró el paso y lo alcanzó. Él se metió la tostada en la boca y la sujetó con los dientes.
-¡Que tengo hambre, Carlos! -dijo ella.
-Pues quítamela... A bocados. -le miró desafiante.
Dani se quedó asombrado.
-¿Ca-Carlos? -preguntó.
Elizabeth se mordió el labio y asintió.
-Lo siento si... He hecho que se despertara algo en ti... -dijo ella- No pretendía, de verdad.
-No, no pasa nada -dijo él, cabizbajo- Si me disculpas, me tengo que ir.
-Sí, claro -dijo ella- Lo siento, Dani -repitió una vez más.
Dani se levantó y cogió su abrigo, se lo puso en el brazo y salió del restaurante. Ya en la calle, se puso su abrigo. Estaba lloviendo, pero no tenía paraguas, así que metió las manos en el bolsillo del abrigo y echó a andar con paso ligero.
¿Carlos? ¿Por qué él? ¿Qué tenía Carlos que no tuviera Dani? Ambos eran rubios, así que no podía ser por el color del pelo. Entonces, ¿por qué? ¿Y si Carlos había estado hablando en secreto con Elizabeth y no se lo había dicho ninguno de los dos? ¿Significaría eso que Carlos le estaba poniendo los cuernos a Sara? Dani sacudió la cabeza, para apartar ese pensamiento de su cabeza. No quería hacerle daño a nadie, y menos a Carlos, que se había convertido en su hermano. Siguió andando hacia su casa, intentando pensar en otra cosa, aunque sin éxito alguno.
Ya era por la mañana cuando Daniela abrió los ojos. Se encontró con la cabeza de David apoyada sobre su cuello, y sus manos entrelazadas. Eso le provocó una sonrisa. Daniela levantó la mano que tenía libre y aprovechó para acariciar el pelo de él, de una manera muy suave y delicada. Después, bajó por su espalda desnuda mientras la acariciaba y David tuvo un escalofrío y se movió un poco. Después, levantó la cabeza y abrió los ojos.
-Buenos días, mi vida -saludó Daniela.
-Mmmm -dijo David, todavía dormido.
Daniela rió.
-Mmm. ¿de qué te ríes? -preguntó él, con una tímida sonrisa.
-De tu cara -dijo ella, sonriendo.
-¿Sí? -preguntó él- ¡Pues te vas a enterar!
David se impulsó con las manos y saltó de la cama. Daniela salió corriendo hacia el salón mientras gritaba.
-¡Ven aquí, Daniela! -gritaba David, divertido.
-¡No! -decía ella mientras reía- ¡No!
Daniela llegó al salón, y se fue tras el sofá, allí se escondió. Se sentó tras él y apoyó la espalda en la parte trasera del sofá. Allí suspiró y cerró los ojos. Cuando los abrió tenía a David enfrente suya.
-Já, te encontré -dijo David.
El chico la agarró de la mano y la levantó. Pese a la resistencia que ponía Daniela, consiguió subirla sobre su hombro. En él, ella pataleó y protestó, a lo que David se reía y la agarraba más fuerte.
-¡David, déjame! -dijo ella, entre risas.
A modo de respuesta, David le dio un cachete en el culo.
-Carlos -le dijo Sara, mientras esperaba a que su novio le diera las tostadas con mantequilla.
-Dime -dijo él.
Sara rió.
-Tu cara me deprime.
-Ah, muy bonito -comenzó Carlos. Cogió una tostada y le dio un mordisco.
-¡Eh! ¡Ésa es mi tostada, no me la quites! -exclamó ella.
-Sara -dijo Carlos.
-¿Qué?
-Tendrías que decir 'dime' -le corrigió él.
-Carlos, mi vida, ya te lo he dicho: Es tu cara la que me deprime.
-Pues vale. Tú sabrás. Eres tú la que se queda sin desayuno -dijo él, andando hacia el salón con el resto de tostada en la mano.
Sara aceleró el paso y lo alcanzó. Él se metió la tostada en la boca y la sujetó con los dientes.
-¡Que tengo hambre, Carlos! -dijo ella.
-Pues quítamela... A bocados. -le miró desafiante.
sábado, 1 de marzo de 2014
Capítulo 39: 'Me gusta otro'
Capítulo 39: 'Me gusta otro'
-Blas, una cosa -pidió Vanessa. El chico se giró- No le digas a nadie que estoy bien, ¿vale? Por lo menos hasta mañana.
Blas se quedó mirándola un tiempo. Queŕia complacerla, pero sabía que eso no era lo correcto.
-¿Ni a los chicos? -preguntó él.
-Por favor.
-Pero, y si pasa algo...
-No me pasará nada -le interrumpió- Estaré bien, sé cuidar de mí misma.
Blas dudó. Ella dice que sabe cuidar de sí misma, pero eso todavía no se ha visto. Sólo hace falta mirarla. Está en un hospital. No fue culpa suya, claro está, pero...
-Está bien -aceptó, al fin.
-Gracias -sonrió ella dándole un abrazo.
-Adiós -se despidió él.
-Adiós.
-Hola, preciosa -susurró David en el oído de Daniela- ¿Preparamos la cena?
Daniela sonrió pícaramente y miró a David de reojo.
-Osea que tienes ganas, ¿no? -preguntó él, travieso.
-Bueno... -dijo ella besándole el labio. Cuando tenía las manos en la camisa de él, David la detuvo.
-Ah, no, no. -dijo él, poniendo una mano con delicadeza en la de ella- Primero hay que terminarse el postre.
Daniela gruñó, se cruzó de brazos y se dio la vuelta. A David le hizo gracia su reacción.
-No te habrás enfadado, ¿no? -preguntó él.
Daniela no respondió. Se limitó a coger un sirope de fresa de un armario.
-Oh, venga, Daniela -dijo David acercándose a ella. Le pasó las manos por la cintura, y posó la cabeza sobre su hombro.- Nena...
Daniela se libró de los brazos de David, lo empujó con delicadeza, abrió la tapa del sirope y se lo tiró encima, manchándole toda la camisa blanca.
David se quedó de piedra, pero decidió seguirle el juego.
-¿Qué has hecho? ¡Era mi camisa nueva! -dijo.
Daniela, que no había entendido el juego, se tapó la boca con ambas manos.
-Oh, lo siento -dijo acercándose a él.
-Ahora me la lavas tú.
-Sí, vale. -aceptó- Jo, lo siento, David. Damela, que pongo una lavadora.
-Ven y quítamela tú, ¿no? -preguntó David.
Daniela lo miró seria. No entendía nada. Entonces, David le guió un ojo.
Daniela sonrió traviesa y se acercó a él.
Ambos comenzaron a besarse apasionadamente. Daniela desabrochó la camisa de él, y David le levantó la camiseta a ella.
-Tú sabes que yo soy más de velitas, ¿no? -preguntó él, mientras la ponía en la encimera y le besaba el cuello.
-Pues ve y enciéndelas -dijo ella.
-¿Ahora? Ni de coña -dijo él- Ahora te voy a hacer el amor.
Sara estaba tumbada sobre las piernas de Carlos, él le acariciaba el pelo. Carlos bostezó. Sara se incorporó.
-Bueno, yo me voy a ir ya, ¿vale? -dijo.
-¿Por qué? -preguntó él.
-Estoy muy cansada -bostezó.
-¿No te quedas a dormir?
-No -dijo ella con una sonrisa triste-, estás cansado, así que mejor, no.
-Anda, quédate.
-No, Carlos, de verdad -insistió ella.
-¿Me darás, al menos, mi beso de buenas noches?
Sara sonrió, y Carlos se acercó a ella, le cogió la cintura y le dio un beso que parecía no tener fin.
-¿Podemos hacerlo? -preguntó él cuando se separó ligeramente de los labios de Sara.
-¿Hacer el qué? -preguntó ella, perdida.
-¿El qué va a ser? -dijo. Se quedó mirándola unos segundos.
-Si me miras con esos ojos, sabes que no te podré decir que no -sonrió Sara, atrayéndolo hacia ella.
Carlos la besó, y ambos sonrieron durante ese beso.
-Te quiero -dijo él.
-¡Álvaro, el teléfono!
-¡Voy, mamá! -gritó él corriendo hacia el salón- ¿Quién es?
-Hola, Álvaro, soy yo -dijo una voz femenina al otro lado de la línea.
-Hola, cariño. ¿Qué tal? -preguntó.
-Bien, echándote de menos, como siempre -sonrió.
-¿Cómo te va en la uni?
-Muy bien. Tengo que estudiar mucho, pero los resultados merecen la pena. Algunos son más bajos de lo que esperaba, pero bueno... -explicó- ¿Y tú, qué tal?
-Bien. Estudiando, también. Después de la gala tengo que ponerme las pilas -sonrió.
-¿Te apetecería desconectar un poco de todo? -preguntó ella.
-¿De qué hablas? -preguntó él.
-Mis padres no van a estar este finde, por si te quieres venir a casa.
-Está bien. -sonrió él- Lo preguntaré, ¿vale?
-Vale -sonrió ella- Bueno, te dejo, que tengo mucho sueño. Mañana tengo que despertarme muy temprano.
-Vale. Buenas noches, Nerea.
-Buenos noches, un beso -se despidió.
-Te quiero.
Ambos colgaron el teléfono.
-Mamá -comenzó Álvaro acercándose a su madre, que estaba en la cocina- Este finde, los padres de Nerea no estarán en casa, y me ha invitado. Para desconectar y eso... ¿Me dejarás ir?
Ella levantó la vista y lo miró. A ambos les encantaba tener esa confianza mutua.
-Sí, claro -sonrió ella- Pero que no te falte de nada, ¿eh?
Álvaro asintió, ocultando una risa. Le dio un beso en la mejilla.
-Gracias, mamá.
-Bueno, Dani, ¿qué querías decirme? -preguntó Elizabeth cuando terminó su plato.
Dani dejó su tenedor en el plato y levantó la vista hacia ella.
-Verás, desde siempre me has comprendido, me has ayudado y me has consolado cuando nadie más lo hacía. -comenzó- El problema... El problema es que eres tan magnífica que no puedo verte sólo como una amiga. Necesito algo más contigo, ¿entiendes?
Elizabeth se quedó sorprendida.
-¿Quieres salir conmigo? -preguntó Dani.
-Yo... Eres magnífico, pero...
-¿Pero qué?
-Me gusta otro...
Dani se puso pálido de pronto.
-¿Quién?
-No te enfades, ¿vale? -dijo- Está en tu grupo. Es el otro rubio, Carlos.
-Blas, una cosa -pidió Vanessa. El chico se giró- No le digas a nadie que estoy bien, ¿vale? Por lo menos hasta mañana.
Blas se quedó mirándola un tiempo. Queŕia complacerla, pero sabía que eso no era lo correcto.
-¿Ni a los chicos? -preguntó él.
-Por favor.
-Pero, y si pasa algo...
-No me pasará nada -le interrumpió- Estaré bien, sé cuidar de mí misma.
Blas dudó. Ella dice que sabe cuidar de sí misma, pero eso todavía no se ha visto. Sólo hace falta mirarla. Está en un hospital. No fue culpa suya, claro está, pero...
-Está bien -aceptó, al fin.
-Gracias -sonrió ella dándole un abrazo.
-Adiós -se despidió él.
-Adiós.
-Hola, preciosa -susurró David en el oído de Daniela- ¿Preparamos la cena?
Daniela sonrió pícaramente y miró a David de reojo.
-Osea que tienes ganas, ¿no? -preguntó él, travieso.
-Bueno... -dijo ella besándole el labio. Cuando tenía las manos en la camisa de él, David la detuvo.
-Ah, no, no. -dijo él, poniendo una mano con delicadeza en la de ella- Primero hay que terminarse el postre.
Daniela gruñó, se cruzó de brazos y se dio la vuelta. A David le hizo gracia su reacción.
-No te habrás enfadado, ¿no? -preguntó él.
Daniela no respondió. Se limitó a coger un sirope de fresa de un armario.
-Oh, venga, Daniela -dijo David acercándose a ella. Le pasó las manos por la cintura, y posó la cabeza sobre su hombro.- Nena...
Daniela se libró de los brazos de David, lo empujó con delicadeza, abrió la tapa del sirope y se lo tiró encima, manchándole toda la camisa blanca.
David se quedó de piedra, pero decidió seguirle el juego.
-¿Qué has hecho? ¡Era mi camisa nueva! -dijo.
Daniela, que no había entendido el juego, se tapó la boca con ambas manos.
-Oh, lo siento -dijo acercándose a él.
-Ahora me la lavas tú.
-Sí, vale. -aceptó- Jo, lo siento, David. Damela, que pongo una lavadora.
-Ven y quítamela tú, ¿no? -preguntó David.
Daniela lo miró seria. No entendía nada. Entonces, David le guió un ojo.
Daniela sonrió traviesa y se acercó a él.
Ambos comenzaron a besarse apasionadamente. Daniela desabrochó la camisa de él, y David le levantó la camiseta a ella.
-Tú sabes que yo soy más de velitas, ¿no? -preguntó él, mientras la ponía en la encimera y le besaba el cuello.
-Pues ve y enciéndelas -dijo ella.
-¿Ahora? Ni de coña -dijo él- Ahora te voy a hacer el amor.
Sara estaba tumbada sobre las piernas de Carlos, él le acariciaba el pelo. Carlos bostezó. Sara se incorporó.
-Bueno, yo me voy a ir ya, ¿vale? -dijo.
-¿Por qué? -preguntó él.
-Estoy muy cansada -bostezó.
-¿No te quedas a dormir?
-No -dijo ella con una sonrisa triste-, estás cansado, así que mejor, no.
-Anda, quédate.
-No, Carlos, de verdad -insistió ella.
-¿Me darás, al menos, mi beso de buenas noches?
Sara sonrió, y Carlos se acercó a ella, le cogió la cintura y le dio un beso que parecía no tener fin.
-¿Podemos hacerlo? -preguntó él cuando se separó ligeramente de los labios de Sara.
-¿Hacer el qué? -preguntó ella, perdida.
-¿El qué va a ser? -dijo. Se quedó mirándola unos segundos.
-Si me miras con esos ojos, sabes que no te podré decir que no -sonrió Sara, atrayéndolo hacia ella.
Carlos la besó, y ambos sonrieron durante ese beso.
-Te quiero -dijo él.
-¡Álvaro, el teléfono!
-¡Voy, mamá! -gritó él corriendo hacia el salón- ¿Quién es?
-Hola, Álvaro, soy yo -dijo una voz femenina al otro lado de la línea.
-Hola, cariño. ¿Qué tal? -preguntó.
-Bien, echándote de menos, como siempre -sonrió.
-¿Cómo te va en la uni?
-Muy bien. Tengo que estudiar mucho, pero los resultados merecen la pena. Algunos son más bajos de lo que esperaba, pero bueno... -explicó- ¿Y tú, qué tal?
-Bien. Estudiando, también. Después de la gala tengo que ponerme las pilas -sonrió.
-¿Te apetecería desconectar un poco de todo? -preguntó ella.
-¿De qué hablas? -preguntó él.
-Mis padres no van a estar este finde, por si te quieres venir a casa.
-Está bien. -sonrió él- Lo preguntaré, ¿vale?
-Vale -sonrió ella- Bueno, te dejo, que tengo mucho sueño. Mañana tengo que despertarme muy temprano.
-Vale. Buenas noches, Nerea.
-Buenos noches, un beso -se despidió.
-Te quiero.
Ambos colgaron el teléfono.
-Mamá -comenzó Álvaro acercándose a su madre, que estaba en la cocina- Este finde, los padres de Nerea no estarán en casa, y me ha invitado. Para desconectar y eso... ¿Me dejarás ir?
Ella levantó la vista y lo miró. A ambos les encantaba tener esa confianza mutua.
-Sí, claro -sonrió ella- Pero que no te falte de nada, ¿eh?
Álvaro asintió, ocultando una risa. Le dio un beso en la mejilla.
-Gracias, mamá.
-Bueno, Dani, ¿qué querías decirme? -preguntó Elizabeth cuando terminó su plato.
Dani dejó su tenedor en el plato y levantó la vista hacia ella.
-Verás, desde siempre me has comprendido, me has ayudado y me has consolado cuando nadie más lo hacía. -comenzó- El problema... El problema es que eres tan magnífica que no puedo verte sólo como una amiga. Necesito algo más contigo, ¿entiendes?
Elizabeth se quedó sorprendida.
-¿Quieres salir conmigo? -preguntó Dani.
-Yo... Eres magnífico, pero...
-¿Pero qué?
-Me gusta otro...
Dani se puso pálido de pronto.
-¿Quién?
-No te enfades, ¿vale? -dijo- Está en tu grupo. Es el otro rubio, Carlos.
domingo, 23 de febrero de 2014
Capítulo 38: 'Vuelve, por favor'
¡Hola! Aquí está el capi de hoy. Para vivir más el capítulo, os pediría que escuchárais "Volver" de Auryn. Siento no ponerlo, pero es que me bloquearon las páginas que contengan algo de Auryn. Buscadlo vosotras, porfa. Lo siento. ¡Un beso y disfrutadlo! ¡Gracias por leer!
Capítulo 38: 'Vuelve, por favor'
Blas se acercó a Vanessa, se inclinó sobre ella y le dio un beso en la frente.
-Ya que tú no puedes cenar, cenaré contigo para hacerte compañía -le dijo- Pero tú calla, ¿eh? Que si no, me echan.
Miró a ambos lados y cerró la puerta de la habitación, se sentó en la silla y sacó un bocadillo y una lata de refresco de su pequeña mochila. Abrió la lata y le quitó el papel de aluminio al bocadillo. Comenzó a comérselo.
-Ah, espera, que enciendo la vela.
Dejó el bocadillo y el refresco en la mesa, y sacó un mechero de su chaqueta. Se acercó a una vela perfumada que había, y la encendió.
-Espero que te gustara mi actuación en Destino Eurovisión -dijo- No ganamos, pero lo pasé bien y lo hice lo mejor que pude. -hizo un silencio- Me hubiera gustado tanto que pudieras haberme visto...
Blas esbozó una sonrisa triste y se arrodilló delante de ella. Le cogió una mano y la besó. Unas lágrimas comenzaron a caerle por las mejillas.
-Ojalá fuera todo tan fácil como en las películas, que sueltas una lágrima y al caerle a la persona, revive. -dijo- Creo que no puedo seguir así, Vanessa. No sabes lo que me cuesta verte así siempre. Quiero que te despiertes de una vez, que saltes como una adolescente, que me alegres los días como antes. No creo que pueda seguir viéndote así. Vuelve, por favor. -dijo. Volvió a derramar unas lágrimas- Lo siento, no quería decir eso. Soy un tonto, joder. -se lamentó- Te prometo que nunca me iré de tu lado. Pase lo que pase.
Se levantó del suelo y se sentó en la silla. Se terminó el bocadillo y el refresco, y recogió lo que había sacado y lo metió en la mochila. Apagó la vela de un soplo, le dio un beso en la frente a Vanessa y susurró:
-Volveré pronto, te lo prometo, pero me tengo que ir ya. Lo siento.
Se dirigió hacia la puerta y allí, la miró.
-Adiós -susurró.
-Blas, espera. -dijo una voz femenina.
El chico se giró asombrado. Vanessa abrió los ojos poco a poco, y esbozó una sonrisa. Blas también los abrió, sorprendido.
-¿Va-Vanessa? -preguntó.
La chica volvió a sonreír.
-Sí...
-¡Vanessa, joder, estás despierta!
Blas dejó caer la mochila al suelo y fue a darle un fuerte abrazo.
-Ay, ay, me haces daño -se quejó ella.
-Uy, lo siento.
Blas se apartó de Vanessa, tenía lágrimas en los ojos.
-Me alegro de que estés bien, pero, ¿desde cuándo estás despierta? -preguntó.
-Desde esta mañana -respondió ella.- ¡No se lo digas a los médicos, por favor! -pidió.
-¿Por qué? -preguntó Blas- Tienes que volver a tu vida de siempre.
Vanessa negó.
-No, no -decía.
-Pero, ¿por qué? -preguntó el chico.
-Tengo miedo. De Fernando. -dijo con voz quebrada.
-Te juro por mi vida que no te volverá a poner la mano encima -dijo él muy serio- Vanessa, yo, lo que pasó aquel día... Fue culpa mía.
-Shhh. Calla. No fue para nada tu culpa. No podías saber qué era lo que iba a pasar. -dijo Vanessa- ¿Sabes qué? Te amo. Siempre he buscado mi príncipe azul, pensaba que era Fernando, pero no, ahora me he dado cuenta de que eres tú.
-¿Sabes lo que decía la canción que cantamos en Eurovisión? -preguntó Blas. Vanessa negó.
-No, no me acuerdo.
Blas carraspeó y cantó su parte:
Capítulo 38: 'Vuelve, por favor'
Blas se acercó a Vanessa, se inclinó sobre ella y le dio un beso en la frente.
-Ya que tú no puedes cenar, cenaré contigo para hacerte compañía -le dijo- Pero tú calla, ¿eh? Que si no, me echan.
Miró a ambos lados y cerró la puerta de la habitación, se sentó en la silla y sacó un bocadillo y una lata de refresco de su pequeña mochila. Abrió la lata y le quitó el papel de aluminio al bocadillo. Comenzó a comérselo.
-Ah, espera, que enciendo la vela.
Dejó el bocadillo y el refresco en la mesa, y sacó un mechero de su chaqueta. Se acercó a una vela perfumada que había, y la encendió.
-Espero que te gustara mi actuación en Destino Eurovisión -dijo- No ganamos, pero lo pasé bien y lo hice lo mejor que pude. -hizo un silencio- Me hubiera gustado tanto que pudieras haberme visto...
Blas esbozó una sonrisa triste y se arrodilló delante de ella. Le cogió una mano y la besó. Unas lágrimas comenzaron a caerle por las mejillas.
-Ojalá fuera todo tan fácil como en las películas, que sueltas una lágrima y al caerle a la persona, revive. -dijo- Creo que no puedo seguir así, Vanessa. No sabes lo que me cuesta verte así siempre. Quiero que te despiertes de una vez, que saltes como una adolescente, que me alegres los días como antes. No creo que pueda seguir viéndote así. Vuelve, por favor. -dijo. Volvió a derramar unas lágrimas- Lo siento, no quería decir eso. Soy un tonto, joder. -se lamentó- Te prometo que nunca me iré de tu lado. Pase lo que pase.
Se levantó del suelo y se sentó en la silla. Se terminó el bocadillo y el refresco, y recogió lo que había sacado y lo metió en la mochila. Apagó la vela de un soplo, le dio un beso en la frente a Vanessa y susurró:
-Volveré pronto, te lo prometo, pero me tengo que ir ya. Lo siento.
Se dirigió hacia la puerta y allí, la miró.
-Adiós -susurró.
-Blas, espera. -dijo una voz femenina.
El chico se giró asombrado. Vanessa abrió los ojos poco a poco, y esbozó una sonrisa. Blas también los abrió, sorprendido.
-¿Va-Vanessa? -preguntó.
La chica volvió a sonreír.
-Sí...
-¡Vanessa, joder, estás despierta!
Blas dejó caer la mochila al suelo y fue a darle un fuerte abrazo.
-Ay, ay, me haces daño -se quejó ella.
-Uy, lo siento.
Blas se apartó de Vanessa, tenía lágrimas en los ojos.
-Me alegro de que estés bien, pero, ¿desde cuándo estás despierta? -preguntó.
-Desde esta mañana -respondió ella.- ¡No se lo digas a los médicos, por favor! -pidió.
-¿Por qué? -preguntó Blas- Tienes que volver a tu vida de siempre.
Vanessa negó.
-No, no -decía.
-Pero, ¿por qué? -preguntó el chico.
-Tengo miedo. De Fernando. -dijo con voz quebrada.
-Te juro por mi vida que no te volverá a poner la mano encima -dijo él muy serio- Vanessa, yo, lo que pasó aquel día... Fue culpa mía.
-Shhh. Calla. No fue para nada tu culpa. No podías saber qué era lo que iba a pasar. -dijo Vanessa- ¿Sabes qué? Te amo. Siempre he buscado mi príncipe azul, pensaba que era Fernando, pero no, ahora me he dado cuenta de que eres tú.
-¿Sabes lo que decía la canción que cantamos en Eurovisión? -preguntó Blas. Vanessa negó.
-No, no me acuerdo.
Blas carraspeó y cantó su parte:
"Aunque es más fácil olvidar, que perdonar, no te dejaré de amar"
A Vanessa comenzaron a caerle lágrimas.
-Cántame el resto, por favor. -pidió ella.
Blas sonrió y asintió, cogió la cara a Vanessa y terminó la canción.
-Te quiero -susurró Blas.
-Y yo -dijo ella.- Pero me gustaría ir lento, ¿entiendes?
Blas sonrió.
-Sí, claro, como tú quieras. Pero, ¿cómo de lento? -preguntó.
Vanessa se quedó en silencio un momento, sujetó la cabeza de Blas y la acercó a ella. Se miraron a los ojos. Blas bajó la mirada a los labios de ella, y la subió a los ojos. Vanessa sonrió. Se acercó a él y lo besó. A Blas le pilló por sorpresa, no se lo esperaba, por lo que, al separarse, la miró extrañado.
-Por ahora esto, ¿vale? -preguntó ella.
Blas asintió.
-Como tú quieras, princesa.
viernes, 21 de febrero de 2014
Capítulo 37: 'Eres tan... culce y atrevida al mismo tiempo...'
Capítulo 37: 'Eres tan... dulce y atrevida al mismo tiempo...'
Sara salió del ascensor después de estar todo el trayecto mirándose en el espejo. Iba con una falda de cuero y un top rosa, combinados con unos tacones negros. Encima, se había puesto una chaqueta, y se la cerró, para no pasar frío, ya que hacía bastante aire. Habían quedado para celebrar juntos que Auryn quedara en segundo lugar en "Destino Eurovisión". Salió al exterior, y cruzó a la acera de enfrente, donde, en el parque, la esperaría Carlos. Fue entonces cuando le vio. Comenzó a andar deprisa hasta él, para saludarlo, pero lo vio abrazando a una chica rubia. Sara paró en seco. Ambos se separaron, y hablaron. La chica sonrió.
A Sara comenzaron a llorarle los ojos, pero se armó de valor y se acercó a él.
-¿Qué? -preguntó Sara- ¿Te ponen las rubias, o qué?
-Sara, no lo entiendes...
-¡Cállate! -gritó Sara dándole un bofetón en la cara- ¡Eres un imbécil!
Sara echó a andar en dirección a su casa, sin mirar atrás.
Carlos miró a Alba buscando comprensión.
-Ve tras ella, anda -le dijo.
-Gracias, Alba -sonrió él.
-¡Sara! ¡Sara, espera! -gritaba Carlos.
La chica ya había llegado a su portal, y buscaba las llaves en su bolso.
-¡Sara!
El chico la alcanzó, pero Sara ya había abierto la puerta y se había colado dentro. Por suerte, Carlos pudo sujetar la puerta y entrar.
-Sara, espera, por favor. -pidió él- Déjame explicarte.
-¿El qué narices me vas a explicar? -preguntó ella- No quiero saber nada, ¿vale? No tienes que darme explicaciones. Esa rubia te gusta más y punto. -dijo ella- Sólo dime una cosa, ¿qué tiene ella que no tenga yo? -preguntó entrando en el ascensor. Carlos la siguió y entró con ella.
-Alba es mi mejor amiga, ¿vale? -soltó Carlos- Le había pedido consejo para que lo pasaras bien esta noche en la cena, pero veo que ha sido una mala idea. No hay nada entre nosotros, Sara. Sólo amistad.
Sara comenzó a llorar.
-Ey, ¿qué pasa? -preguntó Carlos, secándole una lágrima.
-No sé qué tengo para que estés conmigo.
-Ya te lo dije una vez, ¿recuerdas? -se mantuvo callado- Eres tan... dulce y atrevida al mismo tiempo. -recordó.
-No soy atrevida -dijo ella.
-¿Ah, no? -Carlos sonrió, se acercó a su oreja y le susurró- Yo creo que sí.
Comenzó a besarla, y Sara se estremeció.
-Carlos, para. -le dijo ella.
Carlos se alejó un poco de Sara. Se miraron a los ojos.
-¿Me quieres? -preguntó ella.
Carlos se acercó a ella y la besó con dulzura.
-Más que a nada en el mundo.
Daniela bajó las escaleras del bar, y se encontró a David en la puerta, esperándola.
-Daniela, ven un momento -le pidió su abuela.
Daniela se acercó a su abuela, y estuvieron hablando durante poco tiempo. Mientras tanto, Irene, la madre de Daniela, aprovechó para acercarse a David.
-Hijo, cierra la boca, que se te va a colar algo -bromeó. David sonrió.
-¿Cómo está, señora? -preguntó.
-Bien. Pero trátame de tú, que sólo tengo treinta años -rió.
-Está bien, como quieras -sonrió.
-¿Está guapa mi hija, verdad?
-Es guapa -dijo recalcando el 'es'.
-Dime una cosa: ¿La quieres de verdad, o sólo estás con ella por estar con alguien?
-La quiero muchísimo. -respondió David, mirando a Daniela- Cuando la veo... Es como si el mundo fuera perfecto, como si estuviéramos ella y yo sólos, sin nadie más. -dijo- Si le pasara algo por mi culpa, no me lo perdonaría en la vida.
Irene sonrió.
-Cuídala, ¿vale? -le pidió Irene- Es su primera relación seria, y quiere que dure.
-Lo haré, no se preocupe.
Daniela vino, luciendo un preciosísimo vestido de encaje.
-Adiós, mamá, no me esperes despierta, ¿vale?
Irene sonrió y asintió.
-Adiós. Pasadlo bien. Y, Daniela, no comas mucho.
Daniela asintió, y David se sonrojó. Salieron juntos del local.
-¿Qué? -preguntó Daniela al darse cuenta de la expresión de su chico.
-Estábais hablando las dos y he pensado mal... -dijo él.
-¡David, eres un cerdo! -bromeó Daniela dándole un golpe en el hombro.
-Anda que no te gusta a ti ese tema, ¿eh? -preguntó.
-Anda que... -dijo ocultando una sonrisa.
David se acercó a su oído y le susurró con voz traviesa:
-Ya me suplicarás, guapa.
Se alejó de su oído y le guiñó un ojo.
Sara salió del ascensor después de estar todo el trayecto mirándose en el espejo. Iba con una falda de cuero y un top rosa, combinados con unos tacones negros. Encima, se había puesto una chaqueta, y se la cerró, para no pasar frío, ya que hacía bastante aire. Habían quedado para celebrar juntos que Auryn quedara en segundo lugar en "Destino Eurovisión". Salió al exterior, y cruzó a la acera de enfrente, donde, en el parque, la esperaría Carlos. Fue entonces cuando le vio. Comenzó a andar deprisa hasta él, para saludarlo, pero lo vio abrazando a una chica rubia. Sara paró en seco. Ambos se separaron, y hablaron. La chica sonrió.
A Sara comenzaron a llorarle los ojos, pero se armó de valor y se acercó a él.
-¿Qué? -preguntó Sara- ¿Te ponen las rubias, o qué?
-Sara, no lo entiendes...
-¡Cállate! -gritó Sara dándole un bofetón en la cara- ¡Eres un imbécil!
Sara echó a andar en dirección a su casa, sin mirar atrás.
Carlos miró a Alba buscando comprensión.
-Ve tras ella, anda -le dijo.
-Gracias, Alba -sonrió él.
-¡Sara! ¡Sara, espera! -gritaba Carlos.
La chica ya había llegado a su portal, y buscaba las llaves en su bolso.
-¡Sara!
El chico la alcanzó, pero Sara ya había abierto la puerta y se había colado dentro. Por suerte, Carlos pudo sujetar la puerta y entrar.
-Sara, espera, por favor. -pidió él- Déjame explicarte.
-¿El qué narices me vas a explicar? -preguntó ella- No quiero saber nada, ¿vale? No tienes que darme explicaciones. Esa rubia te gusta más y punto. -dijo ella- Sólo dime una cosa, ¿qué tiene ella que no tenga yo? -preguntó entrando en el ascensor. Carlos la siguió y entró con ella.
-Alba es mi mejor amiga, ¿vale? -soltó Carlos- Le había pedido consejo para que lo pasaras bien esta noche en la cena, pero veo que ha sido una mala idea. No hay nada entre nosotros, Sara. Sólo amistad.
Sara comenzó a llorar.
-Ey, ¿qué pasa? -preguntó Carlos, secándole una lágrima.
-No sé qué tengo para que estés conmigo.
-Ya te lo dije una vez, ¿recuerdas? -se mantuvo callado- Eres tan... dulce y atrevida al mismo tiempo. -recordó.
-No soy atrevida -dijo ella.
-¿Ah, no? -Carlos sonrió, se acercó a su oreja y le susurró- Yo creo que sí.
Comenzó a besarla, y Sara se estremeció.
-Carlos, para. -le dijo ella.
Carlos se alejó un poco de Sara. Se miraron a los ojos.
-¿Me quieres? -preguntó ella.
Carlos se acercó a ella y la besó con dulzura.
-Más que a nada en el mundo.
Daniela bajó las escaleras del bar, y se encontró a David en la puerta, esperándola.
-Daniela, ven un momento -le pidió su abuela.
Daniela se acercó a su abuela, y estuvieron hablando durante poco tiempo. Mientras tanto, Irene, la madre de Daniela, aprovechó para acercarse a David.
-Hijo, cierra la boca, que se te va a colar algo -bromeó. David sonrió.
-¿Cómo está, señora? -preguntó.
-Bien. Pero trátame de tú, que sólo tengo treinta años -rió.
-Está bien, como quieras -sonrió.
-¿Está guapa mi hija, verdad?
-Es guapa -dijo recalcando el 'es'.
-Dime una cosa: ¿La quieres de verdad, o sólo estás con ella por estar con alguien?
-La quiero muchísimo. -respondió David, mirando a Daniela- Cuando la veo... Es como si el mundo fuera perfecto, como si estuviéramos ella y yo sólos, sin nadie más. -dijo- Si le pasara algo por mi culpa, no me lo perdonaría en la vida.
Irene sonrió.
-Cuídala, ¿vale? -le pidió Irene- Es su primera relación seria, y quiere que dure.
-Lo haré, no se preocupe.
Daniela vino, luciendo un preciosísimo vestido de encaje.
-Adiós, mamá, no me esperes despierta, ¿vale?
Irene sonrió y asintió.
-Adiós. Pasadlo bien. Y, Daniela, no comas mucho.
Daniela asintió, y David se sonrojó. Salieron juntos del local.
-¿Qué? -preguntó Daniela al darse cuenta de la expresión de su chico.
-Estábais hablando las dos y he pensado mal... -dijo él.
-¡David, eres un cerdo! -bromeó Daniela dándole un golpe en el hombro.
-Anda que no te gusta a ti ese tema, ¿eh? -preguntó.
-Anda que... -dijo ocultando una sonrisa.
David se acercó a su oído y le susurró con voz traviesa:
-Ya me suplicarás, guapa.
Se alejó de su oído y le guiñó un ojo.
Capítulo 36: 'Estoy cumpliendo un sueño, ¿sabes?'
¡Hola, chicas! Este capítulo es un poquito corto, por eso he decidido subir dos hoy, ¿vale? ;) Gracias por leer, ¡y disfrutarlo mucho!
Capítulo 36: 'Estoy cumpliendo un sueño, ¿sabes?'
El tiempo pasó, y Álvaro, Blas, Carlos, Dani y David llegaron a la final de 'Destino Eurovisión'. En diez minutos era su actuación, y Blas estaba pegado al teléfono.
-Pero, ¿tiene puesta la tele? -preguntaba el chico una y otra vez.
-Que sí, Blas. -dijo Sara- Que pesado eres, ¿eh?
-Que quiero que Vanessa escuche mi actuación, ya que no la puede ver... -dijo.- ¿Me pasas con ella?
-Vale, voy.
Desde el otro lado del teléfono, Blas escuchó cómo Sara se levantaba y le acercaba el teléfono a alguien.
-Hola, Vanessa -dijo Blas- Siento no haber podido ir a verte estos días, pero es que estoy en la gala de 'Destino Eurovisión'. Estoy cumpliendo un sueño, ¿sabes? Pero sería mejor si tú estuvieras aquí, a mi lado. -hizo silencio- La actuación de hoy te la dedico a ti, ¿vale? La canción se llama 'Volver'. Y quiero que te pongas buena de una vez, ¿vale? Es que... te quiero abrazar y... besar.
Álvaro tocó el hombro de Blas.
-Venga, despídete, que nos toca salir ya mismo -el dijo.
-Voy -contestó Blas- Bueno, Vanessa, te dejo, ¿vale? Que tengo que salir a cantar. Le he dicho a Sara que te ponga la tele para que nos escuches. Sólo espero que te guste. Va por ti.
Sara se acercó el teléfono a su oído.
-¿Ya? -preguntó ella.
-Sí, gracias. -respondió Blas.
-Bueno, adiós, suerte.
-¡Suerte! -se escuchó a Daniela gritando.
-Gracias. Adiós -Blas colgó el teléfono y se acercó a David, estaba muy angustiado.
-Eh, tío, ¿qué te pasa? -preguntó Blas.
-Estoy muy nervioso. ¿Y si no sale bien?
-Saldrá bien. Estás haciendo lo que más te gusta, ¿no? Tú disfruta, lo demás saldrá solo.
-Gracias, Blas. -dijo David.
-De nada -le dio un abrazo.
Mientras, Sara, Daniela y Vanessa estaban en el hospital, con el canal TVE puesto, preparadas para ver a sus respectivos novios y amigos. En nada, salieron al escenario, y Daniela dios unas palmaditas emocionada y un pequeño salto.
-Shhhh, calla -dijo Sara.
Comenzó a sonar la música, y Dani comenzó a cantar, pero lo hacía muy bajo.
-¡Mierda! ¡¿Por qué no canta más fuerte?! ¡Joder, que no se le oye! -decía Daniela.
-Calla, tía, que Vanessa y yo queremos escuchar. -dijo Sara.
Daniela suspiró y volvió a mirar a la pantalla.
-¡Ay! ¡Mira a David! -exclamó Daniela.
-Y a Carlos... -decía Sara con una sonrisa triste.
Sara tenía la mano de Vanessa cogida, la apretaba un poco, por los nervios. Estuvieron calladas el resto de la actuación, hasta que cantó Blas, donde se hizo un silencio lleno de miedo.
-Joder, cómo canta el condenado. -dijo Sara.
-Sí...
Capítulo 36: 'Estoy cumpliendo un sueño, ¿sabes?'
El tiempo pasó, y Álvaro, Blas, Carlos, Dani y David llegaron a la final de 'Destino Eurovisión'. En diez minutos era su actuación, y Blas estaba pegado al teléfono.
-Pero, ¿tiene puesta la tele? -preguntaba el chico una y otra vez.
-Que sí, Blas. -dijo Sara- Que pesado eres, ¿eh?
-Que quiero que Vanessa escuche mi actuación, ya que no la puede ver... -dijo.- ¿Me pasas con ella?
-Vale, voy.
Desde el otro lado del teléfono, Blas escuchó cómo Sara se levantaba y le acercaba el teléfono a alguien.
-Hola, Vanessa -dijo Blas- Siento no haber podido ir a verte estos días, pero es que estoy en la gala de 'Destino Eurovisión'. Estoy cumpliendo un sueño, ¿sabes? Pero sería mejor si tú estuvieras aquí, a mi lado. -hizo silencio- La actuación de hoy te la dedico a ti, ¿vale? La canción se llama 'Volver'. Y quiero que te pongas buena de una vez, ¿vale? Es que... te quiero abrazar y... besar.
Álvaro tocó el hombro de Blas.
-Venga, despídete, que nos toca salir ya mismo -el dijo.
-Voy -contestó Blas- Bueno, Vanessa, te dejo, ¿vale? Que tengo que salir a cantar. Le he dicho a Sara que te ponga la tele para que nos escuches. Sólo espero que te guste. Va por ti.
Sara se acercó el teléfono a su oído.
-¿Ya? -preguntó ella.
-Sí, gracias. -respondió Blas.
-Bueno, adiós, suerte.
-¡Suerte! -se escuchó a Daniela gritando.
-Gracias. Adiós -Blas colgó el teléfono y se acercó a David, estaba muy angustiado.
-Eh, tío, ¿qué te pasa? -preguntó Blas.
-Estoy muy nervioso. ¿Y si no sale bien?
-Saldrá bien. Estás haciendo lo que más te gusta, ¿no? Tú disfruta, lo demás saldrá solo.
-Gracias, Blas. -dijo David.
-De nada -le dio un abrazo.
Mientras, Sara, Daniela y Vanessa estaban en el hospital, con el canal TVE puesto, preparadas para ver a sus respectivos novios y amigos. En nada, salieron al escenario, y Daniela dios unas palmaditas emocionada y un pequeño salto.
-Shhhh, calla -dijo Sara.
Comenzó a sonar la música, y Dani comenzó a cantar, pero lo hacía muy bajo.
-¡Mierda! ¡¿Por qué no canta más fuerte?! ¡Joder, que no se le oye! -decía Daniela.
-Calla, tía, que Vanessa y yo queremos escuchar. -dijo Sara.
Daniela suspiró y volvió a mirar a la pantalla.
-¡Ay! ¡Mira a David! -exclamó Daniela.
-Y a Carlos... -decía Sara con una sonrisa triste.
Sara tenía la mano de Vanessa cogida, la apretaba un poco, por los nervios. Estuvieron calladas el resto de la actuación, hasta que cantó Blas, donde se hizo un silencio lleno de miedo.
-Joder, cómo canta el condenado. -dijo Sara.
-Sí...
viernes, 14 de febrero de 2014
Capítulo 35: 'El primero y el último'
Hola, princesitas. Hoy subiré dos capítulos porque mañana viene mi mejor amiga y voy a pasar todo el día con ella, para desconectar un poquito. Sólo quiero deciros que gracias por leer y que disfrutéis del capítulo ;) ¡Gracias por leer y muchísimos besos!
Capítulo 35: 'El primero y el último'
Sara volvió a la cocina, cogió un plato hondo y puso en él el caldo. Lo colocó en la bandeja junto con el zumo de naranja.
Volvió a la habitación en la que estaba Carlos y le despertó.
-Carlos, venga, tómate esto -le dijo Sara.
Carlos se encontraba mejor, así que se incorporó y comenzó a tomárselo. Por último, se bebió el zumo de naranja.
-¿Estás mejor? -preguntó Sara.
-Sí, mucho mejor. Gracias -dijo él.
-De nada -sonrió ella.
-Lo siento.
-¿El qué?
-Lo que dije antes. Es que es mi sueño, y...
-No importa. Sé que no lo dijiste con mala intención. -sonrió ella cogiendo la bandeja.
-Sara -comenzó Carlos-, quédate aquí conmigo.
Sara se giró, sorprendida, dejó la bandeja en la mesita de noche y acercó la silla al lado de la cama. Se sentó en ella.
Carlos comenzó a tiritar.
-¿Tienes frío? -preguntó ella. Carlos asintió. Sara le puso la mano en la frente, pero no tenía la temperatura alta.
-Por favor, túmbate conmigo -pidió Carlos.
Como no se le pasaba la friolera, Sara aceptó. Encendió la luz de la mesilla, destapó la cama y se tumbó al lado de Carlos, que se echó a un lado para dejarle hueco.
El corazón de Sara comenzó a latir muy deprisa. Estaba tumbada en la misma cama del chico que le gustaba. Nunca antes había sentido nada igual por un chico.
Carlos volvió a tiritar otra vez. Sara, compadecida, le abrazó y le acercó a ella.
-Sara... -dijo él.
-Dime.
El chico comenzó a acercarse a ella, despacio, le pasó un mechón por detrás de la oreja y cerró los ojos. Se acercó un poco más a ella y la besó. Sara sonrió durante el beso, y Carlos hizo lo mismo. La chica pasó las manos por el pelo de Carlos, y le trajo hacia sí. Carlos se subió encima de Sara, mientras la besaba. Carlos bajó hasta el cuello de Sara, besándolo. Ella inclinó la cabeza hacia atrás, y tiró un poco del pelo de Carlos.
-Te quiero -susurró él.
-Carlos, apaga la luz -dijo ella entre besos.
-No -negó él-, quiero verte.
Carlos pasó los brazos por debajo de la camiseta de ella, y le acarició la espalda. Besó el cuello y subió a su boca. Sara no sabía muy bien qué hacer o cómo actuar, así que decidió adelantarse: le quitó la camiseta y le besó los abdominales. Carlos gimió, y Sara soltó una risa.
-¿De qué te ríes? -preguntó Carlos con una voz muy sensual.
Sara sonrió, y Carlos le sacó la camiseta, dejando al descubierto su sujetador negro. Carlos se sentó en la cama, cogió a Sara por los muslos y la puso encima suya. Carlos observaba a Sara. Le encantaba verla entre beso y beso, pero ella cerraba los ojos.
-No cierres los ojos, ábrelos. -le dijo- Tus ojos son preciosos, quiero verlos.
Sara hizo caso, y abrió los ojos, se inclinó hacia Carlos y le volvió a besar.
Carlos pasó las manos debajo del pantalón de ella, y la incorporó encima suya. Después, le bajó el pantalón por completo. Sara bajó las manos hasta el pantalón de él. Como era el pantalón del pijama, no tenía la necesidad de buscar una cremallera o botón, así que lo bajó, sin más.
Ambos estaban en ropa interior, demostrándose lo que se querían. Carlos cogió las manos de Sara y las entrelazó, se inclinó hacia su cuello y lo besó con fuerza. Sara soltó un gemido. Carlos bajó por el cuello dándole besos hasta llegar al canalillo, donde siguió besándola. La chica inclinó la cabeza hacia atrás de placer. Mientras tanto, agarraba a Carlos por su melena rubia. El chico le desabrochó el sujetador y le besó los pechos. Sara gimió.
Carlos se acercó al pelo de ella y lo olió.
-Necesito hacerlo -dijo Carlos.
Sara asintió.
-¿Soy el primero? -preguntó él.
-El primero y el último -respondió ella.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
