viernes, 31 de enero de 2014

Capítulo 29: '¿Y esto?'

Capítulo 29: '¿Y esto?'

Vanessa siguió llorando, lloró todo lo que pudo, no le quedaban fuerzas para seguir con esto. Con todo lo que estaba pasando. Fue a la cocina, abrió el cajón y cogió un cuchillo. Se lo puso en la muñeca, con la hoja volcada, la presionó fuertemente, y en ese momento recordó cuando ella y Blas prepararon juntos las lentejas. Recordó cuando ella le gritó, pero pese a todo, él siguió ahí, ayudándola en lo que necesitara. Empezó a presionarlo, pero esta vez, con la hoja en dirección a sus venas. Apretó los dientes y comenzó a llorar, pero de rabia. ¿Iba a dejar, acaso, que un hombre decidiera sobre su vida? Se apartó el cuchillo rápidamente, fue al baño a curarse la herida y sonó el timbre. ¿Quién sería ahora? Fue corriendo a abrir, esta vez lo hizo sin mirar, y se sorprendió al ver a Fernando.
-¿Qué? ¿Ya ha venido el mariconazo ese, no? -dijo él refiriéndose a Blas.- Es un capullo de mierda. Déjame pasar -ordenó.
-No -dijo Vanessa, firme.
-¿Cómo que no? -preguntó él- Señorita, me vas a dejar pasar, o si no, ya sabes lo que pasará.
-Te prohíbo que te acerques a nosotros. -ordenó ella- Quiero que nos dejes en paz.
-Uh, los humitos se te han subido a la cabeza, ¿no? -dijo él- Anda, quita -dijo apartándola bruscamente.
Vanessa no tuvo más remedio que dejarle pasar, él no tardó nada en ver su herida en la muñeca.
-¿Y esto? -preguntó él, quitándole la venda de la mueca y apretándola fuerte.
-Fernando, para, me haces daño -dijo como pudo.
Él sonrió.
-Ah, ¿sí? Parece que ya no eres tan fuerte como antes, ¿eh? -le apretó más la muñeca, y ella soltó un pequeño gemido. Después la empujó muy fuerte y cayó al suelo, dándose un golpe fuerte en la nuca con la pared.
Él acudió a ella, y le levantó la cabeza. Tenía sangre. Fernando se dio cuenta del lío en el que se había metido, y decidió aprovecharlo para asustar a Blas, y que no se acercara a su chica.
Aprovechó la sangre de la muñeca de la chica y escribió en la pared: 'Esto es lo que pasa por tus estúpidos jueguecitos de niño enamorado. Aléjate de ella.' Después, usó el teléfono de Vanessa y llamó a Blas.
-¿Quién es? -preguntó el chico de ojos azules por teléfono.
-Eso no importa. -respondió Fernando, rápidamente- Lo que importa es que estoy en casa de Vanessa, y se ha hecho daño, está sangrando.
-¡¿Qué?! -exclamó él- ¿Quién coño eres y que haces allí?
-Prueba -dijo Fernando.
-Fernando.... ¡Eres un capullo! ¡Cuando te vea, te voy a reventar la cara, cabrón de mierda! -gritó él.
-Tú sigue diciendo eso, mientras, Vanessa está aquí desangrándose...
-¡Gilipollas, llama a una ambulancia! -gritó Blas.
-Lo siento, soy gilipollas, no sé cómo se hace eso... -rió él.
-Fernando, eres un....
Fernando colgó antes de que Blas terminara de decir la frase y salió de casa, dejando tirada en el suelo a Vanessa.

sábado, 25 de enero de 2014

Capítulo 28: 'Yo... te quiero'

¡Hola, chicas! Bueno, como he dicho, me encuentro un poco mal. Me duele la cabeza y la garganta, así que si no subo capítulo, no os extrañéis. Me he tomado una pastilla, y se me ha pasado el dolor de cabeza, así que he podido escribir este capítulo. Gracias a todas por leer y por vuestra comprensión. Os quiero muchísimo, no lo olvidéis :)

Capítulo 28: 'Yo... te quiero'

Vanessa se despertó abriendo los ojos. Miró el reloj de la mesilla de noche y vio que eran las tres y media de la tarde. Intentó recordar qué hacía en el suelo, y a su mente vino todo lo sucedido con Fernando. A las dos había quedado con Blas para almorzar. Miró su móvil. Tenía diez llamadas perdidas de él y siete mensajes de texto. Comenzó a leer los mensajes:

'Vanessa, hoy habíamos quedado a las dos para almorzar juntos, ¿lo recuerdas?'

'Si no puedes venir, no pasa nada'

'¿Te has enfadado conmigo? ¿Por qué no me coges el teléfono?'

'¿Vas a venir, o no? Me estoy congelando aquí'

¿Ha pasado algo? Me estoy preocupando.

'Me quedaré esperando hasta las tres, si no vienes, me voy a mi casa. Llámame cuando veas el mensaje'

Éste último mensaje lo envió a las tres menos cuarto, y el último, lo envió hace diez minutos:

'De acuerdo, me estoy preocupando de verdad. Voy para tu casa. Estaré allí en diez minutos más o menos.'

Al ver este último mensaje, se alarmó. No quedaba nada de tiempo. Fue al baño y se lavó la cara. El timbre sonó, y ella fue muy despacio a mirar por la mirilla. Era Blas.
-Vanessa, ¿estás ahí? -preguntó él- Sé que estás ahí, abre, por favor. Vanessa, estoy muy preocupado, abre.
Vanessa apoyó la cabeza en la puerta, y comenzó a llorar en silencio.
-Vanessa, ¿estás llorando? Te estoy oyendo. ¿Qué pasa? -insistió él- Estás enfadada conmigo, vale, pero no llores, háblame por lo menos, para que deje de preocuparme, por favor.
Vanessa tragó saliva y consiguió responder:
-Vete, Blas, no quiero verte.
-¡Vanessa! Abre, por favor, me tienes muy preocupado. ¿Qué te pasa?
-No te quiero ver la cara en toda tu vida, quiero que te vayas -sollozó ella.
-¿Por qué? ¿Qué he hecho?
-¡Que te vayas! -gritó ella.
Blas comenzó a llorar.
-¿Por qué? Vanessa, no me hagas esto, por favor. -Blas suspiró, con lágrimas en los ojos.
-Vete -dijo ella. 
Vanessa se sentó en el suelo. Pensaba que ya no podría estar más tiempo de pie.
-No puedo -dijo él.
-¿Por qué? Te odio -dijo ella, con lágrimas en los ojos y voz quebrada.
A la chica, estas palabras le dolieron, al igual que al chico, que rompió a llorar.
-Vete -insistió ella.
Le dolía decir eso, pero lo que menos quería, era perderlo a él para siempre, así que prefirió apartarlo de ella. Al menos, durante un tiempo.
-No te quiero volver a ver nunca.
-De acuerdo, me iré, pero antes quiero decirte una cosa. -comenzó él.
Vanessa respiró hondo, y se secó las lágrimas como pudo.
Blas también lo hizo. Lo que iba a decir ahora, probablemente destrozaría su amistad para siempre.
-Vanessa... -comenzó él- Yo... te quiero.
Ella volvió a romper a llorar, y el chico salió del edificio.

Capítulo 27: 'Déjame en paz, no me hagas más daño'

Capítulo 27: 'Déjame en paz, no me hagas más daño'

-Hola, princesa -dijo David cogiendo en brazos a Daniela- ¿Cómo estás?
-Mal -respondió ella- El viernes te llamé y no me lo cogiste, me tenías preocupada.
David hizo memoria. El viernes fue cuando tuvieron que ir al hotel de Madrid a hacer la prueba. Tenía que tener el teléfono apagado, por eso no le contestó. Decidió contarle una mentirijilla piadosa.
-Estuve en Granada con mi familia, quería desconectar un poco, lo siento. -dijo él, agachando la cabeza.
-Pues es que me habías preocupado mucho -dijo ella.
-Lo siento.
-Vale, no te preocupes -dijo ella guiñando un ojo.- Y, bueno, ¿Cuáles son los planes para hoy?
-Quedar con los demás, no, seguro -rió él.- Son unos locos -bromeó.
-Sí, la verdad es que no están muy bien de la cabeza -rió Daniela- Ay, ¿podemos ir a tu casa? Es que quiero escuchar otra vez tu maqueta.
-Vale -respondió él- Pero te advierto que no está amueblada.
Daniela rió.
-Estás fatal, David.

Vanessa estaba en el baño, terminando de peinarse y maquillarse. Escuchó su móvil sonar, y fue hacia él. Sabía que podía ser Blas, habían quedado para comer juntos. Al llegar, el móvil dejó de sonar. Miró el número, y era uno desconocido. Pensó que sería el número de una de las pocas cabinas de teléfono que quedan por Madrid. Al rato, el teléfono volvió a sonar, ella lo cogió.
-¿Sí? -preguntó ella.
-Hola, guapa. ¿Sabes quién soy? -preguntó una voz.
Vanessa calló, ¿quién podría ser? La voz le sonaba mucho, pero no lograba identificar de quién era.
-No... ¿Quién eres?
-Pues soy el tío con el que te acostabas, el que te ama más que a nada en el mundo, el que te regalaba flores, soy el tío al que dejaste tirado un puto día por una gilipollez.
-Fernando, déjame en paz, no me hagas más daño. -consiguió decir ella.
-Te recuerdo, preciosa, que sé dónde vives, y como no vuelvas a salir conmigo, mataré al tío ese tan amiguito tuyo, ¿me entiendes?
-Blas... -murmuró ella.
-Exacto, mataré al tal Blas,  y ¿no quieres que eso suceda, no? Porque tú le quieres mucho, ¿verdad?
-Sí... -dijo ella.
-Pues escucha atentamente lo que te voy a decir, porque sólo lo diré una vez: ¿hoy has quedado con él, no? Pues quiero que le dejes tirado, y que no le cojas más el teléfono. Si te habla por tuenti, te llama, o te envía mensajes, no le respondas, o él lo pagará muy caro. Esta noche iré a tu casa, y cenaremos y nos trataremos tan bien como lo hacíamos antes, quiero que todo esto vuelva a ser exactamente como antes. No le cuentes esto a nadie, o el tío ese pagará las consecuencias. ¿Lo has entendido?
-¿Por qué?, Fernando, ¿por qué lo tienes que hacer? -preguntó ella, llorando.
-¡¿Lo has entendido?! -gritó él.
-Sí -murmuró ella.
-Perfecto. Arreglate para esta noche.
Dicho esto, Fernando colgó. Vanessa dejó caer el teléfono, se derrumbó sobre el suelo y comenzó a llorar, con las manos en su rostro.
Su teléfono sonó, ella lo descolgó sin mirar el número, pero no respondió.
-Vanessa. -decía la voz al otro lado- ¿Vanessa, estás ahí? Soy Blas, era para decirte que ya te estoy esperando. No tardes, porfa, que hace mucho frío aquí. Un beso, preciosa, nos vemos.
Blas colgó el teléfono, y Vanessa volvió a romper a llorar. No sabía qué hacer, así que se tumbó en el suelo, y comenzó a llorar hasta que le faltaban fuerzas para hacerlo. Entonces, se quedó dormida.

miércoles, 22 de enero de 2014

Capítulo 26: 'Auryn, os toca'

Capítulo 26: 'Auryn, os toca'

-David, cuéntame algo -le pidió Daniela.
-¿Qué quieres que te cuente?
-No sé. Algo. Me aburro, la tele es un rollo. -dijo ella soltando el mando y acomodándose en el sofá.
-Pues déjamela a mí, que me haría mucha falta -bromeó él. Daniela le miró seria- Vale, mmm, ¿Qué te cuento? Es que no se me ocurre nada.
-¿Cómo le encontrásteis el nombre al grupo? -preguntó ella.
-Pues, mira. -comenzó él- Después de cinco meses, en enero, decidimos que había que buscarle de una vez nombre al grupo, y ponernos algo para conseguir, entonces quedamos un fin de semana, y todos llevábamos muchos nombres.
-¿Como cuáles?
-No me acuerdo ya, pero eran muy ridículos, te lo aseguro -dijo riéndose- Recuerdo que cada vez que uno decíamos un nombre, nos echábamos a reír y decíamos: 'Pero, ¿cómo nos vamos a llamar así?' Después de dos horas, no conseguimos ningún nombre, así que nos tumbamos y dijimos que el nombre que fuera nos tendría que dar suerte. Entonces Álvaro sacó el tema del libro La Historia Interminable y todos nos miramos al mismo tiempo y dijimos: Áuryn. Y luego, hicimos una fiesta.
-¿Y no me invitásteis? -preguntó Daniela, ofendida.
-Te recuerdo, bebé, que tú estabas con fiebre.
-Es verdad... -dijo ella.- ¿Y ahora, qué?
-¿Cómo que, ahora qué?
-¿Qué es lo que vais a hacer ahora?
-El... -David comenzó a hablar, pero se calló. Recordó que Auryn había hablado de eso y acordaron no decir nada de la audición a Eurovisión que tendría lugar en Madrid el día veintiséis- ¿El lunes te apetecería quedar?
-¿El lunes, qué es?
-Veintinueve -respondió David.
-Sí, vale, pero por la tarde, que por la mañana tengo que ir a la uni.
-Vale.
Irene, la madre de Daniela, entró al salón.
-David, ¿te apetece quedarte a comer hoy aquí? -preguntó.
-No, gracias, no quiero molestar.
-Anda, ¡pero si no molestas! -exclamó Irene.
-No, no, de verdad. -dijo él- Muchas gracias.
-Tú te quedas aquí, como que me llamo Daniela -dijo la chica- Ya ve si te quedas...
David rió.
-¿De verdad, no os importa? -preguntó él.
-Hijo mío, si me importara, no te hubiera invitado. -rió Irene.
-Está bien, me quedaré. Muchísimas gracias, de verdad.



Llegó el día veintiséis. Auryn llegó al hotel de Madrid. Estaban muy nerviosos, había que reconocerlo. Incluso Dani, que era el que más había estado en el mundo del espectáculo, estaba nervioso. Se sentaron en la sala, y esperaron a que los llamaran. Estaban repasando y calentando un poco la voz. Lo habían hablado con Magí Torras, su representante: Si no los escogían, no pasaba nada, irían a otra gala de televisión de las cuatro que había.
-Auryn, os toca -gritó uno de los hombres.
Los cinco se levantaron, las manos de ellos temblaban. David estaba muy nervioso, Álvaro intentó calmarle enseñándole trucos para relajarse, pero no lo conseguía. La mayoría pensaron que no lo iban a lograr, eran de pensamientos negativos, pero ganas no les faltaban, que era lo importante. Entraron a la sala, donde había photocalls de Destino Eurovisión. También estaba el jurado, donde estaba Noemí Galera, que reconoció a Blas y le demostró un cariño muy familiar.
Los demás respiraron tranquilos, y consiguieron relajarse un poco. Como el tiempo se agotaba, escogieron You Left Me Only Words, presentada por Israel en 2010. Después les pidieron dos canciones más, y todos mostraron una cara de asombro, pero aún así, las cantaron.

Fue una sorpresa para todos saber que, habían pasado a la siguiente fase, y que ahora era más probable de que cumplieran su sueño.

domingo, 12 de enero de 2014

Capítulo 25: 'Que el que me gusta eres tú, ¿vale?'

¡Hola! Bueno, como veis, hoy he subido dos capítulos. Pero es que me gustaría tomarme unas vacaciones. Estoy muy cansada, de verdad, y necesito estas mini-vacaciones. No sé cuánto durarán, pero os prometo que os iré informando por twitter. Serán de una o dos semanas, no lo sé, seguro. Quería aprovechar para agradeceros a todas las que leéis mi novela. No esperaba que 'Sueños de auryners' triunfase, la verdad, pero al final todo el esfuerzo ha merecido la pena. Muchísimas gracias por leer, y disfrutad de los dos capis.

Capítulo 25: 'Que el que me gusta eres tú, ¿vale?'

-¡Sara! ¡Sara, espera!
Carlos salió corriendo de casa de Blas sin despedirse de sus amigos. ¿Qué le habría pasado a Sara?
Fue corriendo tras eslla, y consiguió meterse en el ascensor antes de que se cerraran las puertas.
-Joder, Sara, ¿qué te pasa? -preguntó él.
-Que todos los tíos sois iguales, joder. -dijo ella, curzándose de brazos- Me he enamorado de uno, pero él no lo sabe, y va por ahí mirando a las demás. -explica- Sólo os vais fijando en las tetas, en el culo y en la apariencia física.
-Yo nunca haría eso -dijo Carlos.
Sara soltó una risa sarcástica.
-No digas que no, porque lo acabas de hacer.
Ambos se quedaron en silencio. Carlos no entendía nada.
-Joder, Carlos, que el que me gusta eres tú, ¿vale? -dijo ella, de golpe- Siempre me tienen que gustar los estúpidos que no saben lo que es el amor.
-Yo sí sé lo que es el amor -dijo él.
-Ya claro. -dijo Sara, irónica.
-¿Quieres que te lo demuestre? -preguntó él.
-No lo sabes. Pero inténtalo, tengo ganas de reír.
-El amor es necesitar a otra persona para convivir con ella, que otra persona te atraiga, que nos complete, que nos alegra, y que nos da energía para convivir y comunicarnos. El amor es un sentimiento de afecto y de entregarle a alguien algo. -hace una pausa y añade- Amor es lo que siento por ti.
Se inclina, y la besa. La besa como nunca antes había besado a otra chica. Sara se aparta rápidamente, y le da un bofetón. Carlos se pone la mano en la mejilla, y mira a Sara, confuso.
-¿Por qué has hecho eso? -pregunta él.
Sara no da respuesta, simplemente, se inclina y le besa.
Llegan a la planta de abajo, Sara sale del ascensor sin decir nada, y camina hacia el exterior.
Carlos acelera el paso y le agarra del brazo.
-¿De qué vas? -pregunta él.
-Me has jodido un poco, ¿no? -pregunta ella- Ahora me toca a mí joderte a ti.
-¿Por qué? -pregunta él- Lo he hecho sin querer, y lo sabes.
Sara le agarra el cuello y lo acerca a ella con delicadeza. Le da otro beso. Lentamente se separan.
-Eres tan... dulce y atrevida al mismo tiempo. -deja escapar él.

Capítulo 24: '¿Dani tiene novia?'

Capítulo 24: '¿Dani tiene novia?'

Pasó un año. Todo seguía más o menos igual, excepto porque esos cinco amigos que se conocieron en una fiesta, formaron un grupo. Decidieron llamarse 'Auryn', en honor al amuleto de 'La Historia Interminable', que hacía cumplir todos los deseos que se le pidieran. Se habían hecho muy buenos amigos, y todos se habían mudado a Madrid para vivir más cerca los unos de los otros. Al principio, nada de esto fue así, Carlos y Dani no vivían en Madrid, y siempre intentaban venir, al menos, una vez al mes. Lo mejor era, que cuando venían, cada uno se quedaba en casa de otro, y pasaban muchas horas juntos. Una de esas noches, era ésta.

Terminaron de ensayar, y Daniela, Vanessa y Sara tiraron confeti y aplaudieron para alabarles por el magnífico trabajo que habían hecho.
-Por hoy ya hemos terminado, ¿no? -preguntó Dani, ansioso.- Ya vamos más que sobrados para el casting.
-Anda, sí, vete a por tu novia -dijo Blas.
-¿Dani tiene novia? -preguntó Daniela, sonriendo- ¿Quién es, pillín?
-No es mi novia -dijo alargando la última palabra.- Es una amiga.
-Ya, no es su novia, aún -sonrió pícara Sara.
-No, en serio, no es mi novia. Es mi amiga. -insistió.
Sara, Daniela y Vanessa se miraron.
-Su novia -dijeron a la vez para después reírse.
Dani se sintió un poco molesto.
-Bueno, venga, no es su novia -dijo Carlos- ¿Cómo es?
-Rubia y con ojos azules -cogió su móvil para buscar una foto- Esta es.
-Joder, cómo está la tía -dijo Carlos.- ¿Cómo se llama?
-Elizabeth.
-Pues no veas cómo está Elizabeth.
Sara comenzó a sentirse molesta, y un poco dolida.
-Bueno, creo que me iré -dijo cogiendo su abrigo.
-Espera -le dijo Carlos- ¿No íbamos a ir a comer juntos?
-No -dijo ella-, da igual.
Cogió su bolso, y se fue de casa de Blas, cerrando la puerta bastante fuerte.
-¡Sara, espera! -gritó Carlos cogiendo su chaquetón y poniéndose su gorro.
Salió por la puerta sin despedirse de nosotros. Los demás se quedaron mirándose sin saber qué hacer o decir. Al final, Álvaro rompió el hielo:
-¿Y a estos qué les pasa? -preguntó.
-Pfff. A saber. Cosas de enamorados, supongo -dijo Dani.
David fue junto a Daniela, que estaba en el extremo del sofá.
-Hazme un hueco, anda -pidió él.
-Ay, no tengo ganas -dijo ella tumbándose.
-¿Que no tienes ganas? -preguntó él, divertido.- Te vas a enterar -dijo cogiéndola en brazos, como un saco, y dejándola boca abajo.
Daniela gritaba mientras reía.
-¡David! ¡David, déjame! -dijo ella.
-Ah, no. Ahora, no. -decía él, divertido.
Se sentó en el sofá, y puso a Daniela encima de él.
-Ahora me has despeinado -se quejó ella.
-No importa. -le restó importancia- Estás guapa de todos modos -sonrió.
-No te voy a besar porque me hayas dicho eso tan bonito -protestó ella.
-Jo -dijo él.
-Vanessa, ven -dijo Blas, tendiéndole la mano.
Ella se levantó, y lo siguió hasta la habitación. Allí, Blas rebuscó debajo de la cama un paquete envuelto en papel de regalo.
-Toma -se lo ofreció- Siento no habértelo dado el día de tu cumpleaños, pero es que no pude comprarlo antes.
Vanessa sonrió. No se lo esperaba. Cogió el paquete sonriente y lo desenvolvió.
-¡Una cámara! -exclamó.- ¡Muchas gracias, Blas! -dijo abrazándole.
-Bueno... Sabía que te encantaba la fotografía, y como se te estropeó la otra...
-Gracias, Blas, me ha encantado -dijo dándole otro abrazo más fuerte.- ¿Podemos ir a estrenarla?
-¿Quieres? -preguntó él, Vanessa asintió- Y bien, ¿a dónde podemos ir?
-Mmmmm ¿Qué tal al parque?
-Vale -dijo Blas- Me cambio, y voy hacia el salón, ¿vale?
Vanessa a sintió.
-Te espero -dijo ella.
Ella fue al salón dando pequeños saltitos, con su nueva cámara en la mano. Pese a tener veintiún años recién cumplidos, aparentaba diecisiete o dieciocho, tanto por su forma de ser como por su apariencia. Blas sonrió. Le encantaba verla feliz y sonriente. Ya casi se había olvidado de Fernando, aunque algunas noches se despertaba asustada y llorando. Vanessa le llamaba por teléfono, y depende de lo que había soñado, él iba a dormir con ella o se limitaba a consolarla por teléfono. Eso alivió a Blas, ya que hace una o dos semanas comenzó a sentir algo más que amistad por ella, pero se lo apartó de la mente. Dicen que si te gusta una persona, y te gusta más de tres meses, es que estás enamorado de ella. Así que, según esta teoría, Blas tendría que esperar unos tres meses, pero lo hace tranquilo, sin prisas, todavía es joven.
Blas se cambió de ropa. Se puso una camisa blanca, un jersey rojo, unos vaqueros y el abrigo negro que le regaló Vanessa por su cumpleaños. Habían conseguido ser muy buenos amigos, y aunque no pudieran llegar a ser nada más, Blas estaba tranquilo. Llegó al salón, y vio a Álvaro, a Dani y a Vanessa hablando y comentando algo de la cámara fotográfica, y a Daniela y a David tonteando y dándose besos. David le contó cómo se conocieron: en una discoteca. David sonreía constantemente cada vez que alguno la nombraba o decía algo relacionado con ella. Sintió envidia de los dos. De cómo habían conseguido ser tanto en tan poco tiempo, y de la manera que se conocieron. ¡En una discoteca! Y porque ella derramó su bebida y estaba borracha, si no...
-Bueno, esto... -comenzó Blas- Me parece que habrá que desalojar esto, porque Vanessa y yo vamos a ir a estrenar la cámara de fotos.
-Ah, ¿sí? -preguntó Dani.
Vanessa asintió y sonrió.
-Me la ha regalado él, por mi cumple.
-¿Cuándo fue? -preguntó Dani.
-Ayer, el diecinueve. -sonrió.
-Es verdad, me lo dijiste -dijo Dani.- Siento no haberte comprado nada...
-Nah, no te preocupes, de verdad -dijo ella restándole importancia.- No importa. Con esto me vale -dijo levantando la cámara.
-Sí que te ha gustado, sí -sonrió Álvaro.
-Además, ya me cantásteis cumpleaños feliz por teléfono, osea que...
Daniela rió.
-Al principio no sabía quiénes érais.
-¡Sí lo sabía! -exclamó Vanessa, ofendida.
-No mientas, Vane -rió Daniela- Cogió el teléfono, y empezásteis a cantar, tapó el micrófono y nos dijo a Sara y a mí: ¿Y estos quiénes son? -soltó una carcajada.
Todos se rieron, y Vanessa agachó la cabeza, avergonzada.
-Bueno, pues eso, que Vanessa y yo nos vamos, así que ir desalojando esto -dijo Blas.
Todos se levantaron y organizaron el salón. Después, cada uno se fue por su lado: Vanessa y Blas, David y Daniela, y Álvaro y Dani se fueron a sus respectivas casas.

sábado, 11 de enero de 2014

Capítulo 23: '¿Por qué iba a irme?'

Capítulo 23: '¿Por qué iba a irme?'

El chico volvió a la cocina, y limpió las salpicaduras de las lentejas, mientras secaba sus lágrimas. ¿Por qué lloraba? Le dolía que su amiga haya sufrido tanto por culpa de un imbécil, pero también le dolía que Vanessa le hubiera hablado así. Le dolió, y mucho. Paró la vitro-cerámica, y se sentó un momento en alguna de las sillas a pensar. Quizás la hubiera agobiado demasiado: la música a todo volumen, la cocina, las lentejas, que son un plato difícil de preparar... Volvió a secarse las lágrimas, y se levantó a continuar con la comida.

Mientras, Vanessa estaba en su habitación llorando. Se sentó en el suelo, en una de las esquinas, rodeó sus piernas con los brazos, y estuvo llorando. ¿Cómo podía haber tratado así a su único amigo, el único que le había dado una oportunidad? Le dolía haber perdido a Fernando y a Blas, pero sobre todo, a Blas. Seguramente, ya no querría saber nada más de ella. Ya se habría ido, y con suerte, no lo volvería a ver nunca. Quizás eso es lo mejor, aunque ahora estaba sola, completamente sola... Se tumbó en la cama, y dejó que las lágrimas hicieran de somnífero, y se durmió.

Blas removió por última vez las lentejas, y las probó. Ya estaban listas. Antes de ponerlas en un plato, decidió ir a ver si Vanessa iba a comer. No quería malgastar la comida, pero tampoco dejarla sin comer. Antes de entrar en la habitación, pegó en la puerta. Al no recibir respuesta, entró, y se encontró a Vanessa dormida. Blas se sentó en la cama, y le apartó algunos mechones que caían sobre su rostro. Percibió que había llorado. Cuando dormía, Vanessa tenía una cara muy dulce e infantil, eso le hizo sonreír. Con delicadeza, la despertó.
-Vanessa, Vanessa -susurró él.
Poco a poco, ella abrió los ojos.
-La comida está lista, ¿quieres comer? -preguntó él.
-Pensé que te habías ido -se limitó a decir.
-¿Por qué iba a irme?
-Por lo que te dije, y cómo te lo dije.
-No, Vanessa, no me he ido. Y me parece que no lo haré nunca -añadió.
-¿Por qué?
<<Porque creo que me necesitas>> -pensó él.
-Porque soy tu amigo, ¿no? -sonrió- Y los amigos están en las buenas y en las malas.
-Gracias -dijo ella.- Siento haberte tratado así, es que me había puesto de los nervios.
-Vaya, no me había dado cuenta -bromeó, irónico.
Vanessa sonrió.
-Un poco más y me pegas con la zapatilla, ¿eh? -continuó Blas con la broma.- Como a los perros.
Vanessa rió esta vez.
-O con el periódico -dijo entre risas.
-Eso, eso, con el periódico, que es más para perros. -corrigió él- Ya iba a dormir yo esta noche en el rellano.
Vanessa siguió riendo, hasta que se quedaron los dos en silencio mirándose a los ojos. Vanessa observó sus ojos azules, y vio el reflejo de su cara en las pupilas de él, brillaban. Blas observó los ojos castaños de ella, brillaban. Se quedaron mirándose mutuamente, hasta que Blas carraspeó.
-Bueno, ¿qué? ¿Comemos, no? Que tengo un hambre...
Vanessa rió.
-Sí, vamos.