sábado, 25 de enero de 2014

Capítulo 27: 'Déjame en paz, no me hagas más daño'

Capítulo 27: 'Déjame en paz, no me hagas más daño'

-Hola, princesa -dijo David cogiendo en brazos a Daniela- ¿Cómo estás?
-Mal -respondió ella- El viernes te llamé y no me lo cogiste, me tenías preocupada.
David hizo memoria. El viernes fue cuando tuvieron que ir al hotel de Madrid a hacer la prueba. Tenía que tener el teléfono apagado, por eso no le contestó. Decidió contarle una mentirijilla piadosa.
-Estuve en Granada con mi familia, quería desconectar un poco, lo siento. -dijo él, agachando la cabeza.
-Pues es que me habías preocupado mucho -dijo ella.
-Lo siento.
-Vale, no te preocupes -dijo ella guiñando un ojo.- Y, bueno, ¿Cuáles son los planes para hoy?
-Quedar con los demás, no, seguro -rió él.- Son unos locos -bromeó.
-Sí, la verdad es que no están muy bien de la cabeza -rió Daniela- Ay, ¿podemos ir a tu casa? Es que quiero escuchar otra vez tu maqueta.
-Vale -respondió él- Pero te advierto que no está amueblada.
Daniela rió.
-Estás fatal, David.

Vanessa estaba en el baño, terminando de peinarse y maquillarse. Escuchó su móvil sonar, y fue hacia él. Sabía que podía ser Blas, habían quedado para comer juntos. Al llegar, el móvil dejó de sonar. Miró el número, y era uno desconocido. Pensó que sería el número de una de las pocas cabinas de teléfono que quedan por Madrid. Al rato, el teléfono volvió a sonar, ella lo cogió.
-¿Sí? -preguntó ella.
-Hola, guapa. ¿Sabes quién soy? -preguntó una voz.
Vanessa calló, ¿quién podría ser? La voz le sonaba mucho, pero no lograba identificar de quién era.
-No... ¿Quién eres?
-Pues soy el tío con el que te acostabas, el que te ama más que a nada en el mundo, el que te regalaba flores, soy el tío al que dejaste tirado un puto día por una gilipollez.
-Fernando, déjame en paz, no me hagas más daño. -consiguió decir ella.
-Te recuerdo, preciosa, que sé dónde vives, y como no vuelvas a salir conmigo, mataré al tío ese tan amiguito tuyo, ¿me entiendes?
-Blas... -murmuró ella.
-Exacto, mataré al tal Blas,  y ¿no quieres que eso suceda, no? Porque tú le quieres mucho, ¿verdad?
-Sí... -dijo ella.
-Pues escucha atentamente lo que te voy a decir, porque sólo lo diré una vez: ¿hoy has quedado con él, no? Pues quiero que le dejes tirado, y que no le cojas más el teléfono. Si te habla por tuenti, te llama, o te envía mensajes, no le respondas, o él lo pagará muy caro. Esta noche iré a tu casa, y cenaremos y nos trataremos tan bien como lo hacíamos antes, quiero que todo esto vuelva a ser exactamente como antes. No le cuentes esto a nadie, o el tío ese pagará las consecuencias. ¿Lo has entendido?
-¿Por qué?, Fernando, ¿por qué lo tienes que hacer? -preguntó ella, llorando.
-¡¿Lo has entendido?! -gritó él.
-Sí -murmuró ella.
-Perfecto. Arreglate para esta noche.
Dicho esto, Fernando colgó. Vanessa dejó caer el teléfono, se derrumbó sobre el suelo y comenzó a llorar, con las manos en su rostro.
Su teléfono sonó, ella lo descolgó sin mirar el número, pero no respondió.
-Vanessa. -decía la voz al otro lado- ¿Vanessa, estás ahí? Soy Blas, era para decirte que ya te estoy esperando. No tardes, porfa, que hace mucho frío aquí. Un beso, preciosa, nos vemos.
Blas colgó el teléfono, y Vanessa volvió a romper a llorar. No sabía qué hacer, así que se tumbó en el suelo, y comenzó a llorar hasta que le faltaban fuerzas para hacerlo. Entonces, se quedó dormida.

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