Capítulo 19: 'Anda, ponte guapa para mí'
Sara llegó a la universidad corriendo. Ya se había perdido la primera clase, pero no le importó, su amiga se merecía más que una clase. Se iba a sentar en la primera fila, cuando un chico le llamó. Al girarse, se dio cuenta de que era Ale.
-Ven, Sara, siéntate aquí -le dijo él dándole palmadas a la silla de al lado.
Sara hizo caso, no quería peleas con él, y no tenía mucha confianza. Podía ser que incluso le daba miedo, así que aceptó.
-Buenos días -saludó ella amablemente.
-Hola, ¿qué tal? -preguntó él.
-Bien, ¿y tú?
-Bien, bien. -sonrió él- Oye, ¿tú por qué estás aquí?
-¿Perdón?
-Que por qué estás aquí. Yo, porque no estudié durante el curso, ¿y tú?
-Porque estuve trabajando, y no pude. -respondió ella- Y tú, ¿por qué no viniste?
-Estuve en el hospital. Sufrí un accidente.
-¿En serio? -preguntó, sorprendida- ¿Qué pasó?
-Iba en moto, una noche con lluvia, y se me resbaló -respondió él- Estuve en coma.
Sara se sintió un poco sorprendida e incómoda.
-Lo siento -dijo.
-Nah, no te preocupes -dijo él. Ambos se quedaron en silencio- Ahora es el momento en el que te vas porque te da mal rollo hablar con alguien que ha estado muerto.
-No. -dijo ella- No me da mal rollo. Además, tú no estuviste muerto, sólo en coma.
Ale se sorprendió con respecto a la respuesta que recibió. Iba a decirle algo, pero llegó el profesor y cada uno se tuvo que sentar en su sitio.
Daniela llegó a su casa y tiró la bandolera al suelo, después entró a su habitación y cerró la puerta de un portazo.
Estaba cabreada. Había llegado tarde a las clases de apoyo, y no la habían dejado entrar. Había gastado gasolina del coche para nada, y además, no iba a cobrar el día de hoy.
Se cambió de ropa, y se puso su chándal de estar en casa, después se hizo una coleta alta y se puso los cascos para escuchar música.
-Bueno.... -dijo un chico desde la ventana de en frente de su habitación- ¿Qué te pasa hoy, 'Ela'?
-¿Qué haces tú ahí? -preguntó ella, sorprendida.
-¿No lo sabías? Nuestras ventanas están una en frente de la otra. -explicó el chico rubio de ojos azules.
-N-no... -dijo ella.
-Venga, a ver, dime, ¿qué te pasa? -volvió a preguntar.
-Que por culpa de un imbécil, he llegado tarde al trabajo, y no me han dejado entrar -dijo ella, con tono enfadado.
-¿El imbécil ese es tu novio?
Daniela pensó en David, y en lo que había hecho por ella.
-No, ¡qué va! -dijo.
-¿Quieres pasar, te preparo algo, y hablamos? -le preguntó desde su ventana.
-No, da igual.
-Anda, ven.
Daniela se lo pensó un momento, volvió a mirar a Dani y vio que él sonreía.
-Bueno, si insistes... ¿Te importa esperar a que me cambie de ropa? Es que estoy horrible, y claro...
-Anda, ponte guapa para mí -bromeó él.
-Payaso... -rió ella.
Daniela bajó el stor de su habitación, y abrió su armario. Cuando estaba a medio vestir, le sonó el teléfono móvil, se acercó rápidamente y miró la pantalla: era David. Sin pensarlo dos veces, descolgó.
-Hola, bebé -le dijo él cariñosamente desde la otra línea.
-No me digas bebé -dijo ella, con tono serio, pero sonriendo.
-Pero si te gusta -replicó entre bromas.
-No.
-Sí.
-¿Cómo lo sabes? -pregunta ella.
-Porque estás sonriendo. Te lo noto.
-Jolín, David -protestó ella con tono infantil.
-¿Ves como eres un bebé?
-Bueno, dime, ¿qué quieres?
-Te llamaba para decirte que te quiero.
Daniela se quedó pasmada. ¿De verdad solo le llamaba para decirle eso? ¿Había gastado saldo tontamente para eso?
-¿En serio que sólo me has llamado para decirme eso? -preguntó, al fin.
-No, quería hacerte la pelota para quedar esta noche. Te invito a cenar -dijo él.
-No hace falta, David, te puedo invitar yo, si quieres.
-Que no, que no, que te quiero invitar yo. -insistió él.
-Pero, ¿por qué?
-Es que me ha tocado la lotería -dijo él.
-Al tenerme a mí como novia, ¿no? -bromeó ella.
Él se rió.
-También, también, pero que me han tocado trescientos euros.
-¿En serio? ¡Enhorabuena, cariño! -exclamó. Parecía que la suerte por fin le sonreía.
-Entonces, ¿qué? ¿Me paso a recogerte esta noche?
-Vale -aceptó ella.
-Perfecto, a las ocho estoy allí.
-¿Puede ser, mejor, a las siete y media?
-¿Por qué?
-Porque quiero pasar más tiempo contigo.
-Claro que sí, bebé. Te quiero.
-Y yo.
Daniela colgó, y decidió cambiarse de ropa, así la tendría preparada para esta noche. Se vistió, y se puso una chaqueta. Después, llamó a casa de su nuevo amigo, Daniel.

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